Ama a tu enemigo (Parte 2)

(continúa a la anterior entrada)

“Muchísima gente le debe la vida y ni siquiera lo saben”, confesó el capitán del Shin Bet al Daily Telegraph en 2010. El Príncipe Verde, como llamaban en Hamás a Mosab Hassan Yousef, espía de Israel, cuando nadie sospechaba de él. Salvó incluso al ex presidente israelí Shimon Peres de un complot para asesinarle, aunque para él su misión más importante fue en 2004 cuando lograron desarticular a la dirección secreta de Hamás en Cisjordania. Gracias a sus acciones, Mosab evitó innumerables atentados y asesinatos al pueblo israelí, aunque como hemos visto, también hizo todo lo que pudo por salvar a los suyos. En 2007 Mosab se trasladó a EEUU donde pidió el asilo político, y tres años más tarde se publicó su autobiografía Hijo de Hamás, best-seller del New York Times, el cual, dice, pensó en escribir para poder subsistir, ya que llegó a dormir en la calle en sus primeros meses.

Sin duda, un personaje singular del cual se podrían hacer buenas películas. Pero ninguna de estas experiencias le hubieran ocurrido si no se hubiese tomado en serio ese “amad a vuestros enemigos” que leyó y de lo que hizo su ley de vida hasta que el mismo Cristo pasó a ser el centro de su vida. En ésta se puede ver la voluntad de Dios para las personas. Ese amor incondicional del que tanto nos habla y nos exhorta Jesús no será perfecto en la vida del “Príncipe Verde”, pero no se puede negar que Dios ha dejado una profunda huella en su testimonio para que otros conozcan el perdón y quizá algún día lo acepten. Ahora convertido en cristiano y traidor para el pueblo palestino y sus representantes más radicales, por lógica, éstos deberían ser para Mosab sus enemigos. Pero para Mosab no hay enemigos, o al menos intenta que no los haya. “Cuando pienso acerca de los musulmanes, pienso en mi familia. No voy a renunciar a ellos. Ellos me repudiaron, yo no voy a renegar de ellos”, dice. La última frase perfectamente la podría decir Jesús sobre nosotros.

Aquí, un pellizco de lo que significa para Mosab Hassan Yousef “amar a tus enemigos”:

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Ama a tu enemigo

“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. Estas palabras que Jesús pronunció y que tanto nos cuesta a los creyentes llevar a la práctica, fueron las palabras que Dios susurró a Mosab Hassan Yousef, hijo de uno de los fundadores de la organización terrorista Hamás en Cisjordania (Palestina), y que cambiaron su vida. He escogido esta historia como mi primera entrada por varios motivos, pero principalmente porque creo que se ajusta bastante bien al corazón del blog.

Hijo del jeque Sheikh Hassan Yousef, uno de los miembros fundacionales de la organización islámica y el entonces líder del movimiento en Cisjordania, Mosab empezó a participar activamente con Hamás desde su época estudiantil. Desde los 10 años había sido arrestado en varias ocasiones por la policía israelí, pero en 1996, a los 18 años, su ingreso en prisión fue mucho más significativo de lo que esperaba. Durante su estancia en la cárcel, el Shin Bet, algo así como el FBI de Israel, le propuso trabajar para ellos como infiltrado en Hamás. En una entrevista al diario israelí Haaretz, publicada también en El País, Mosab explicó que su verdadera intención al aceptar la oferta fue recoger información desde dentro del Shin Bet y así vengarse de ellos y de Israel por el daño que le habían hecho a él y a su padre. Después de aceptar, Mosab tuvo que permanecer año y medio más en la cárcel para no levantar sospechas entre los miembros de Hamás. Fue durante esos meses cuando descubrió la brutalidad con la que Hamás trataba a los suyos, ya que en la misma cárcel había un grupo numeroso de ellos que formaba una “especie de órgano de seguridad interna de Hamás para descubrir agentes israelíes” que torturaban cruelmente a personas de su mismo movimiento. Eso le dejo confuso sobre su propia organización y le planteó muchas preguntas acerca de a quién estaba sirviendo y a quién debía servir.

Tras un par de reuniones con el capitán del Shin Bet, ya después de salir de la cárcel, Mosab decidió colaborar verdaderamente con las fuerzas de seguridad israelíes. Salvar vidas se convirtió en su primera motivación, aunque eso significara traicionar a su propio padre. “Se llevaron a mi padre delante de mí, y le aseguro que no me fue nada fácil trabajar para ellos. Fue un cambio de opinión total”, confesó. Por ese entonces, sobre el año 1999, Mosab conoció “casualmente” (entiéndanse las comillas) a un misionero británico que le habló de Cristo.

Mosab Hassan Yousef tardó unos cinco años en aceptar totalmente a Jesús y su mensaje de salvación, pero tras estudiar sobre el cristianismo y otras religiones fuera del Islam acabó creyendo en Jesús como ‘la verdad, la luz y la vida’, bautizándose secretamente en Tel-Aviv en el año 2005. No obstante, las palabras “amad vuestros enemigos” las hizo suyas desde el primer momento que las leyó en el año 2000. El problema para Mosab fue que los que eran sus amigos, Hamás, se convirtieron de la noche a la mañana en sus enemigos. “Ya no me sentía capaz de definir quién era mi enemigo”, dijo en la entrevista a Haaretz. Ya no habían amigos ni enemigos para Mosab, su única prioridad era salvar vidas, de un bando o de otro, como cuando en 2002 insistió al Shin Bet para que no mataran a cinco terroristas suicidas de los que él había revelado su escondite, y lo consiguió. “Si lo hubiera hecho por dinero, ¿habría insistido en que no mataran a cinco terroristas suicidas?”, explicó. Mosab es también culpable de la detención de su propio padre al que, según él, con la detención le salvó la vida. El capitán entonces del Shin Bet, también opina así: “Si no hubiera sido por él, a su padre lo habrían matado ya diez veces”. Su traición le costó su relación con su padre y su familia, aunque ellos no supieran que les estaba salvando la vida.

(Continuará…)

El blog

Todo nació de una simple conversación en la carretera entre Marbella y Málaga. Yo y mi amiga, cristianos convencidos los dos, nos enzarzamos en una sana discusión sobre la fe y la religión con el hombre que conducía el coche. Entre las muchas cosas que nos dijo intentando desacreditar nuestros argumentos para creer en Dios, me quedé con uno en especial: “Si Dios existiese y  fuese todopoderoso, debería dar señales de vida para que nos lo creyésemos”. Lo que vino a decir es que si creemos en un Dios sobrenatural que creó la Tierra entera, deberíamos ver pasar cosas sobrenaturales a nuestro alrededor que indicasen la presencia de ese Dios vivo y no muerto, como decía Nietzsche. Sinceramente, este argumento me llama la atención no por su fuerza precisamente, sino por su debilidad. Sin embargo, este pensamiento está muy generalizado entre los no creyentes y a veces también entre los creyentes.

¿Crees que Dios está vivo en nuestros días o parece, más bien, que esté muerto? Es curioso cómo Jesús (Dios) les planteaba algo totalmente diferente a los que le preguntaban cuando dijo “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Marcos 12:27), ¡Toma ya! Cuando Jesús habla de vivos y muertos se refiere a un nivel espiritual y de relación con Dios. Ante esta afirmación, resulta lógico que aquellos que no gozan de una fe y una relación personal con Dios piensen que Dios esté muerto o inactivo, ¡pero es que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos! Más que preguntarnos si Dios está vivo o muerto, parece que para Jesús la pregunta era “¿estamos nosotros, los humanos, muertos o vivos?”.  ¿Quién es el muerto ahora?

Este blog está construido con el propósito de reafirmar a los que están vivos, espiritualmente hablando, que Dios también lo está, y dar a los que creen que Dios está muerto un margen para la duda. Para ello me serviré del mayor argumento que puede haber al respecto, la vida misma de los que han visto a un Dios vivo trabajar, hablar y mostrarse en sus vidas de una manera que no pueden negar. Sus historias son las ramas que se mueven indicando la presencia de un viento invisible que las zarandea.