Vera Yakovlena: Dios la salvó de una muerte tonta

Aunque la siguiente historia va en una línea parecida al anterior post, tenía en el corazón escribir algo relacionado con Ucrania. Así que después de buscar un poco he encontrado esta hermosa historia de una mujer ucraniana que vivió de primera mano la protección de Dios allá en los años que siguieron a la II Guerra Mundial.

El relato de Vera Yakovlena ya hubiese caído en el olvido si no fuera porque (Dios mediante) se lo contó en primera persona a Sabina Wurmbrand, fundadora junto a su esposo Richard de la organización Voice of the Martyrs, que trabaja para dar voz a los cristianos perseguidos.

Un día de finales de 1947, en su casa de Rumanía, Sabina escuchó que alguien tocaba la puerta. Al abrir, se encontró con Vera Yakovlena, una doctora ucraniana a la que escasamente conocía. Vera entró y le contó a Sabina cómo los rusos estaban llevando cristianos a los campos prisioneros de Siberia. Ella misma había sido prisionera en Siberia, una de las pocas personas que logró volver. En la prisión rusa, entre otras cosas, fue castigada en una ocasión por haber hablado de Cristo a otros prisioneros y la hicieron aguantar horas descalza sobre el hielo.

Un día, triste por su situación, Vera salió al patio para estar sola. Sin darse cuenta, sobrepasó la zona prohibida, lugar en el que los guardias tenían orden de disparar a toda personas que lo cruzase. Entonces, sin esperarlo, un guardia le gritó:

– ¡Oye! ¿Es tu madre cristiana?

En ese momento, Vera había estado pensando precisamente en su madre. Aterrada, preguntó:

– ¿Por qué lo pregunta?

– Porque hace diez minutos que te observo, pero no he podido dispararte – respondió el guardia -. No puedo mover el brazo. Pero está sano, lo he estado moviendo todo el día. Así que he imaginado que debes tener una madre orando a Dios por ti. Corre y regresa, yo miraré en otra dirección.

Más tarde, ese mismo día Vera volvió a ver al guardia. Éste, al verla, levantó su brazo y sonriendo le dijo: “Ahora puedo moverlo otra vez”.

Aunque metamos la pata…

No me atrevería a decir qué pasa con todos aquellos que han elegido una vida sin Cristo, pero lo que sí puedo decir es que los que hemos puesto nuestra esperanza en Él contamos desde ya con su protección. Ya no decidimos nosotros, sino Él. Si Él dice “hasta aquí”, será hasta aquí. Pero lo mejor es saber que si Él dice que no se nos toque, por mucho que metamos la pata como le pasó a Vera cuando cruzó tontamente la línea prohibida, nadie nos tocará.

Como dice la Biblia (Proverbios 2:8): “Él guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos”.

Fuentes: Hearts of Fire, Extreme Devotion

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