El blog

Todo nació de una simple conversación en la carretera entre Marbella y Málaga. Yo y mi amiga, cristianos convencidos los dos, nos enzarzamos en una sana discusión sobre la fe y la religión con el hombre que conducía el coche. Entre las muchas cosas que nos dijo intentando desacreditar nuestros argumentos para creer en Dios, me quedé con uno en especial: “Si Dios existiese y  fuese todopoderoso, debería dar señales de vida para que nos lo creyésemos”. Lo que vino a decir es que si creemos en un Dios sobrenatural que creó la Tierra entera, deberíamos ver pasar cosas sobrenaturales a nuestro alrededor que indicasen la presencia de ese Dios vivo y no muerto, como decía Nietzsche. Sinceramente, este argumento me llama la atención no por su fuerza precisamente, sino por su debilidad. Sin embargo, este pensamiento está muy generalizado entre los no creyentes y a veces también entre los creyentes.

¿Crees que Dios está vivo en nuestros días o parece, más bien, que esté muerto? Es curioso cómo Jesús (Dios) les planteaba algo totalmente diferente a los que le preguntaban cuando dijo “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Marcos 12:27), ¡Toma ya! Cuando Jesús habla de vivos y muertos se refiere a un nivel espiritual y de relación con Dios. Ante esta afirmación, resulta lógico que aquellos que no gozan de una fe y una relación personal con Dios piensen que Dios esté muerto o inactivo, ¡pero es que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos! Más que preguntarnos si Dios está vivo o muerto, parece que para Jesús la pregunta era “¿estamos nosotros, los humanos, muertos o vivos?”.  ¿Quién es el muerto ahora?

Este blog está construido con el propósito de reafirmar a los que están vivos, espiritualmente hablando, que Dios también lo está, y dar a los que creen que Dios está muerto un margen para la duda. Para ello me serviré del mayor argumento que puede haber al respecto, la vida misma de los que han visto a un Dios vivo trabajar, hablar y mostrarse en sus vidas de una manera que no pueden negar. Sus historias son las ramas que se mueven indicando la presencia de un viento invisible que las zarandea.

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