La tregua de Navidad de 1914

Para empezar, decir que este post no narra ningún “susurro de Dios” en concreto, pero me parecía oportuno en estas fechas navideñas añadir algo relacionado con la Navidad. Y dado que Dios obra en Navidad de la misma manera que lo hace en el resto de meses del año, para qué dar lugar a la malinterpretación. Así que esta historia no contempla una intervención directa de Dios, aunque en realidad, eso mejor dejarlo a tu propio juicio.

Se trata de la tregua de Navidad de 1914. Si nunca has oído hablar de ella, te haré saber que era la víspera de Navidad de 1914. A un lado, bajo las trincheras del frente occidental, los soldados alemanes, y a 100 metros de ellos los británicos y los franceses. Por detrás de las decoraciones navideñas que habían colocado los alemanes a la vista de los enemigos empieza a sonar “Stille Nacht” (Noche de Paz) por parte de un tenor hecho soldado. Al cántico se unen los británicos y se producen acercamientos, hombres que empiezan a cruzar Tierra de nadie sin ser disparados. Así empieza la emblemática tregua de Navidad de 1914.

Si quieres conocer el resto de la historia, te recomiendo que veas Feliz Navidad (Joyeux Noel), la magnífica película de 2005 creada por Christian Carion y protagonizada por Diane Kruger, Benno Fürmann y Daniel Brühl, entre otros. Un film perfectamente dirigido para apelar a los sentimientos y a la reflexión. Al menos conmigo lo ha hecho y por eso que estoy escribiendo aquí. Ver como las mismas personas que horas antes se estaban matando entre ellos de repente se unen juntos para celebrar la Navidad, compartir regalos, celebrar misa, recuperar a los caídos. Pero, sobre todo, ver como esas mismas personas poco a poco empiezan a darse cuenta de lo tremendamente irónico de la situación, de lo mucho que comparten entre ellos mientras los gordos en el poder juegan con sus vidas en el frente, de las familias y las historias personales que empiezan a compartir entre ellos y que verán su fin si siguen con la guerra. Ver como tras finalizar la tregua esos hombres se ven incapaces de disparar al enemigo, puesto que ya no son enemigos, sino amigos. Tal imagen invita, y mucho, a la reflexión.

Un fuego en mitad del invierno

Amigos y enemigos. Guerra y paz. Calor e invierno. Tales conceptos se confundieron como una misteriosa neblina en esa víspera de Navidad de 1914. Un vivo retrato de la naturaleza incoherente del ser humano. “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos…”, dijo Jesús. Siendo malos, sabemos dar buenas dádivas. El mal está en nosotros, pero también el bien. Todo se confunde, como al principio, antes de que el mundo fuera mundo, cuando Dios separó la luz de las tinieblas (Génesis 1:4). Del mismo modo, la humanidad vive en una mezcla de bien y de mal, de luces y de sombras que necesitan ser separadas… por Dios. Y esto puede entenderse también a nivel individual, pues cada uno escondemos dentro de nosotros esa confusa neblina de luz y tinieblas. Jesús también dijo: “El reino de Dios entre vosotros está”. Lo único capaz de separar fuerzas tan opuestas y a la vez tan arraigadas en nuestro corazón está a nuestro alcance, pero sigue siendo imperceptible a los ojos humanos. A ello solo se llega con el espíritu y sin ello nuestras treguas de Navidad seguirán siendo la excepción y nuestras vidas permanecerán en pie de guerra.

Es curioso. Uno de los momentos centrales de la película es la misa oficiada en Nochebuena por un párroco británico que reúne a todos los bandos en Tierra de nadie. Cuando la misa termina y los soldados vuelven a las trincheras, el párroco habla con el teniente británico: “Esta noche esos hombres acudieron al altar como un fuego en mitad del invierno”. Simplemente hermoso. Ojalá muchos de esos hombres no vieran su fuego apagado por el invierno del corazón humano, pero la verdad es que el único capaz de mantener esa llamarada viva es el mismo cuyo nombre resonaba en el aire a lo largo de toda la tregua de Navidad. Desde el “Stille Nacht” con el que se inició todo, hasta la misa de Nochebuena, pasando por el motivo central de la Navidad o el Salmo 23 leído en los entierros en Tierra de nadie. Él también estuvo presente en la tregua. Jesús, el verdadero Jesucristo, y no el que algunos pretendieron y pretenden dibujar. Como por ejemplo el sacerdote que en la película, tras la tregua, ordena al párroco británico su retirada por haber reblandecido el ánimo de de las tropas, a lo que el párroco le contestó: “Creo sinceramente que nuestro señor Jesucristo me guió en la que fue la misa más importante de mi vida. Traté de ser digno de su confianza y transmitir su mensaje a todos, fueran quienes fueran”. Acto seguido, el párroco se marcha y el sacerdote oficia ante los nuevos soldados una misa donde desvirtúa descaradamente el mensaje de Jesucristo en favor de la guerra.

Pero ese, me temo, es otro debate. De momento, te dejo con este fragmento precioso de la película.