También los demonios creen

Me gustaría contaros la historia personal que escuché de boca de un joven llamado Robert hace ya dos años. Le conocí cuando, estando de voluntario en una casa-refugio para hombres sin hogar, me enviaron a mí y a un compañero a ayudar en las tareas del invernadero de la casa. Robert no era un sintecho, simplemente era el humilde encargado del invernadero. Mientras separábamos los gusanos de la tierra, Robert nos contó la historia de su vida. Sobrecogedora. Tanto que lo dejé por escrito. Pero antes permitidme poneros en contexto con una cita:

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”, Efesios 6:12 (La Biblia).

Creo que será mejor que escriba la historia con las palabras que utilicé el día que la escuché:

“…Esta historia me ha llegado al corazón. Este chico (Robert), que se le ve bastante joven y simpático, y gracioso, nos ha contado cómo se metió en busca de la magia negra y los juegos espiritistas. Eso le llevó a meterse en grupos satánicos, y bastante en serio. Se leyó la biblia satánica y cada vez que se encontraba con un creyente hacia todo lo posible para hacerle creer que Dios no existía. Paradójicamente, meterse en eso le hizo ver más claramente que Dios sí existía, supongo que porque, como nos contaba, veía cómo el demonio realmente daba poder a las personas, poder de verdad para mover objetos y otras cosas. Lamentablemente, no entendí la parte en que contaba cómo decidió entregar su vida a Cristo. Algo dijo sobre que leer la Biblia le traía paz y una sensación de verdad inexplicable. Sea de la manera que sea, es maravilloso ver cómo el Señor cambió su vida y le demostró que estaba en el lado equivocado. También nos contó cómo antes disfrutaba de muchas posesiones materiales que ahora no tienen ningún valor para él, y que ya no las necesita. Nos contaba cómo ahora su vida es feliz, mientras que en su pasado satánico era de todo menos feliz. Ha sido toda una bendición para mí ver cómo una persona tan metida en el mundo espiritual y que ha vivido en los dos bandos de la batalla, ahora sirve al Señor humildemente como encargado de un invernadero en un hogar cristiano de acogida. Es una vida totalmente escondida en Cristo. Nos lo hemos pasado muy bien Kyle y yo con él esta mañana, y también…”

A la luz de la Biblia, la historia que conocemos discurre paralelamente a otra historia que no envuelve carne ni sangre, pero cuya guerra invisible afecta directamente a nuestro mundo visible. Es lo que algunos cristianos llamamos “guerra o batalla espiritual”. Por un lado, Dios intentando hacer que los humanos den media vuelta para dirigirse a Él. Por el otro, Satanás y sus sirvientes engañándonos para que sigamos por el mismo camino que conduce al precipicio. Los ataques de estos últimos son la mayoría de veces sutiles, por pura lógica: “el mayor truco del diablo es convencer al mundo de que no existe”, como diría Kevin Spacey en Sospechosos Habituales. Sin embargo, no sé si planificado o por descuido, parece que al diablo a veces se le ve el plumero. Es el caso, por ejemplo, del mundo satánico en el que se involucró Robert y del cual, afortunadamente, escapó en la buena dirección.

La historia de Robert me ha venido a la cabeza tras escuchar otro testimonio relacionado con los grupos satánicos. Si quieres verlo, aquí está (en inglés):