La peor pesadilla de los yihadistas

Sueño Jesús Islam musulmán cristiano

Rayhan ingresó en 1991 en una organización terrorista en Oriente Próximo que tenía como objetivo la creación de un estado islámico y, por supuesto, la Yihad, es decir, la lucha islámica contra los “infieles”, especialmente los judíos y los cristianos… ¡Alto! Aquí me gustaría hacer un inciso…

Parece muy de moda, al menos en Europa, eso de afirmar que los verdaderos musulmanes no defienden esta lucha sangrienta llamada Yihad. Si le preguntaran a ex musulmanes como Ergun Mehmet Caner, autor de Desenmascaremos el Islam, o a Mosab Hassan Yosef, entre otros, les dirían que se equivocan grandemente. Según ellos y otros tantos que también han vivido y estudiado profundamente la religión musulmana, los que dicen que la Yihad es solo cosa de fanáticos ignoran las verdaderas enseñanzas del profeta Mahoma y el Corán, pilar básico del Islam. En resumidas cuentas, lo que dicen expertos como ellos es que la sangrienta Yihad es una órden para todos los musulmanes y si es parte de los más radicales es solo porque ellos conocen mejor su religión. Por otra parte, también es verdad que en el Corán no todos están obligados a participar de la Yihad, basta con que lo haga 1 de cada 10 (por poner un ejemplo). Así que si un musulmán en Nigeria no está matando a cristianos puede estar tranquilo porque Boko Haram ya lo está haciendo por él, y no tendrá por qué rendir cuentas en el cielo islámico.

Entre las partes del Corán donde Mahoma incita a la Yihad, destaca la sura 2:191: “Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar“. También la sura 2:216 dice: “Se os ha prescrito que combatáis aunque os disguste…”

¡Pero! Dicho esto, no queda para nada fundamentado el odio que se ha sembrado hacia los musulmanes dentro de algunos círculos cristianos y, en este caso, ese odio sí que no está para nada respaldado por nuestro Dios. Jesús ya lo dijo todo al ordenar a sus seguidores: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen…”. Y por si no queda claro, Él sigue dándonos ejemplo a día de hoy y, como verás en esta historia, hace lo que haga falta para no dejar que su luz se apague en un entorno tan hostil para el mensaje de amor y salvación que, no lo olvidemos, también va dirigido a ellos, los musulmanes.

Ahora sí… la historia de Rayhan

Como decía, Rayhan (pseudónimo) se hizo parte de una organización yihadista a principios de la década de los 90. Escogí su relato porque fue el que me abrió los ojos a esta realidad (y porque el vídeo es una pasada), pero su historia es la de muchísimas personas en Oriente Medio y otras regiones de fe islámica donde tener una Biblia te puede suponer la pena de muerte. Quizá por eso Dios tenga que buscar formas insospechables para no permitir que el nombre de Jesús caiga en el olvido en esos países.

Con la decisión que tomó, Rayhan se puso a las órdenes de los terroristas, pudiendo acabar con su vida cualquier día en un ataque suicida. Un día encontró a algunos cristianos y les pidió que le dieran los libros que estaban repartiendo para saber cómo luchar contra ellos. Rayhan empezó a leer la Biblia y otros materiales que le habían dado. Le gustó.  Y, entonces… tuvo el sueño.

“Era un lugar donde todos los profetas estaban sentados sobre caballos, a unos 200 metros de mí. Corrieron hacia mí. Y pregunté: ¿Quién es éste? Abraham; ¿Y quién es este otro? Jacob; ¿Y éste? Este es Isaías… Y entonces pregunté: ¿Y quién es éste? Y dije: Oh, este es Jesús. Dije: ¡Este es Jesús! ¡Yo estaba muy emocionado, muy feliz…! Y cuando se quitó el velo de su rostro, me llené del Espíritu Santo. Me sentí fuerte, y empecé a gritar: ¡Jesús, Jesús, Jesús! Era increible. Esa alegría y esa fuerza en mi corazón… Y reí y reí… Y me desperté del sueño, y mi almohada estaba llena de lágrimas…”

Después de eso, Rayhan preguntó a algunos amigos cómo podía seguir a Jesús. Le dirigieron a una iglesia donde oraron por él y decidió definitivamente hacerse seguidor de Cristo, aun a pesar del sufrimiento y el peligro que eso le suponía.

Ahora, Rayhan es capaz de hablar de esta forma de las mismas personas que desean su muerte:

“Tengo mi corazón lleno de amor por el pueblo islámico, porque realmente son buenas personas. Pero no tienen amor en sus corazones, están vacíos. No conocen a Dios. Necesitan la Verdad. Necesitan amor real”